miércoles, 9 de diciembre de 2015

Isla Nación.

Somos gente de isla. Es una de esas verdades que todavía compartimos en comunidad. Tropicales, esa también es irrebatible. Y caribeños, ahijados de un mar que arrulla con su intempestiva presencia. Nuestro concepto del tiempo siempre tiene esa flexibilidad de las olas, del calor extenuante y la inevitabilidad del confinamiento terrestre.

Ser isleños también implica ser participes eternos de la división de un entorno terrestre, el cual si bien es generoso, también nos condena a dimensiones diminutivas y distantes de aquellas continentales que a menudo miramos con admiración y sentido de calco. Así nos dirigimos, planificamos y buscamos crecer, olvidando el océano que nos rodea.

Ese calorcito tropical y las pasarelas de turistas bronceados nos hacen perder de perspectiva que poco a poco, casi imperceptiblemente, el planeta se nos calienta. Todo mientras escogemos con necesidad imperiosa pasearnos en automóvil a todas partes y laureamos como símbolo del desarrollo cada tonelada de asfalto que se comprime en los caminos hacia nuestros destinos.

El cambio climático es una realidad global. Es por esto que toma importancia resaltar los acontecimientos de la más reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en el Siglo 21, llevada a cabo en París, Francia. Según Shyla Raghav directora de Política Pública sobre Cambio Climático de la organización Conservation International, las conversaciones en Paris han girado en torno al tema de las Islas Nación. Raghav describe como el cambio climático tiene el potencial de afectar a las poblaciones costeras a nivel global y hasta desaparecer islas del mapa terrestre actual.

Entonces, en nuestras islas se habla sobre elecciones, concursos televisados y otros temas variados. Nos perdemos de perspectiva en el mundo. Olvidamos que somos isla y que también somos nación.